El acné: mitos y verdades

El acné: mitos y verdades

La verdad más irrefutable sobre el acné, es que molesta y agobia. Que aparezca es tan sumamente sencillo como conseguir esa cita con aquella persona que deseabas tanto o que te llamen para esa importante entrevista de trabajo. Simple.

Aunque es en la adolescencia cuando presenta un pico de incidencia donde aproximadamente 8 de cada 10 sufren acné, lo cierto es que puede presentarse en otras franjas de edad más tardías.

El acné suele presentarse clínicamente de forma insidiosa y progresiva. La modalidad más frecuente, acné vulgaris, se inicia como lesión única y posteriormente en racimos. Así que esa pretensión de arreglarlo al instante tras visualizar la lesión inicial enrojecida y tan poco socialmente aceptada, no es de lejos la mejor opción terapéutica.

Por ello no suelen ser buenas ideas:

  • Manipular las lesiones
  • Utilizar el maquillaje como modo de camuflaje
  • Realizar limpiezas abrasivas sobre esa zona de tu cara
  • O, utilizar el clásico “matar y reventar” consigan arreglarlo.

Así que independientemente del modo de aniquilación que hayas optado para los granos y espinillas, es muy posible que la infección inicial y focal se propague, y las glándulas sebáceas vecinas a ese poro infractor y obstruido empeoren la situación. De este modo, te damos algunos consejos dermocosméticos para afrontarlo:

Primer consejo: PACIENCIA.

Es fácil decirlo, pero es la base de una afección cutánea que se basa en un proceso evolutivo.

El acné se produce por la obstrucción de los poros que existen en nuestra piel por los que a través de conductos expulsamos el sebo producido por las glándulas sebáceas. Si hay un exceso y demasiadas células dérmicas muertas, los poros se obstruyen. Entonces, las bacterias pueden quedar atrapadas dentro de los poros y reproducirse, haciendo que la piel se hinche y enrojezca.

Éste proceso se ve influido indirectamente por el estrés y directamente por cambios hormonales. Personas que tienen una predisposición genética multifactorial si sufren cambios en los hábitos pueden producir brotes. Éste proceso requiere tiempo evolutivo y exfoliación suave, para que esos conductos se sequen y se reabsorba parte del material retenido y por tanto disminuya el edema.

Segundo consejo: COMER BIEN.

No hay ningún estudio con suficiente base científica que corrobore que una dieta basada en el excelso y delicioso chocolate o con sus hermanas, las grasas saturadas, induzcan a un aumento del acné. Sin embargo, una buena dieta con abundante ingesta hídrica y aumentando los vegetales favorece la disminución de brotes.

Tercer consejo: CUIDA Y CONOCE TU PIEL

El tratamiento del acné debe de ser individualizado según la tipología de la lesión, género y otras características del paciente.

Intenta utilizar productos bajos en materiales grasos o aceites. No olvides utilizar siempre un buen desmaquillante de base acuosa.

Otro mito importante es que pensamos que con la exposición del sol nuestro acné mejora. No queremos que te olvides del riesgo de contraer melanoma. Modera tu exposición al sol y utiliza siempre fotoprotectores libres de grasas para evitar marcas o cicatrices.

Por último recuerda que aunque el acné estigmatice físicamente y a veces psicológicamente, es pasajero. Recuerda que es muy importante mantener la piel limpia y cuidada con hidratación y un buen tratamiento facial hipograso. No hay enemigo pequeño, dirían algunos y les contestaría: ni gigante intratable. ¡Nos vemos el próximo post!

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